Biografía

José Ángel Monteagudo (Zaragoza, 1969) es un escritor que desarrolla su actividad en el ensayo (histórico y literario) y en las obras de creación literaria, tanto narrativa como poética.

BIOGRAFÍA

Su infancia transcurre en Zaragoza capital y en los parajes del pueblo aragonés de Vera de Moncayo. Su madre le inculcó tempranamente el amor por los libros y la lectura. Buen lector desde la infancia; se acerca a todos los clásicos tanto en prosa como en poesía, la mayoría de la biblioteca del colegio así como de los libros de su hermana mayor que estudia la carrera de Derecho. Estudió la EGB (educación general básica) y la Formación Profesional de 1º y 2º grado (rama de electricidad) en el Colegio Salesiano de Zaragoza. Más tarde aprobó el acceso a la universidad para mayores de 25 años y estudió la carrera de Geografía e Historia en la UNED (Universidad Nacional de Educación a distancia) de Calatayud.
Apasionado de las artes en general, la música y el cine, aprende a tocar la guitarra clásica a los nueve años de la mano de dos grandes maestros, Jesús Gracia y el director de orquesta J. Gutierrez, llegando a ganar -con diez años- un certamen de guitarra clásica "Mª Auxiliadora" en el colegio Salesiano de Zaragoza. Comienza a escribir en la adolescencia cuentos y relatos cortos que da a leer a sus compañeros de clase, elabora guiones para tebeos y fanzines, se inicia en la escritura de la poesía con multitud de cuadernos que reflejan poesías sueltas utilizando las métricas clásicas haciendo buena la máxima de que la papelera es el mejor aliado del escritor para aprender a escribir. Acude a talleres y cursos literarios de poesía y narrativa aprendiendo las técnicas de escritura; codirige una página literaria editada en el mismo Colegio; dirige un programa semanal de radio en una onda local: “Sobremesas Jamaicanas”; forma los grupos musicales de rock “Gangster”(años 80-90) y “Fardacho" (años 90) en los que compone y desarrolla las letras de las canciones, pasión que no abandonará y que sigue cultivando con interpretaciones de guitarra, piano o dulzaina. Paralelamente musica letras de poetas clásicos conocidos, Emilio Prados, Quevedo, Jorge Guillén, Cesar Vallejo o Luis Cernuda, son algunos de los autores escogidos.

Año mili en 1990 (en el que el único beneficio que obtiene es leer montones de nuevos libros y seguir con la actividad en grupos musicales) y comienza su periplo laboral desarrollando su faceta de técnico electricista. Su inquietud cultural le oxigena para seguir estudiando. Curso de acceso a la Universidad para mayores de 25 años, comienza la carrera de Geografía e Historia, se sigue empapando de poesía (románticos, modernistas, el 27, poesía social, simbolistas, los hispanoamericanos), amén, claro está, de los textos históricos, la paleografía, la arqueología o la diplomática, que exige la carrera universitaria y que no dejará de lado participando a lo largo de los años en diversos foros, conferencias y cursos de formación especializada así como en estudios de desarrollo profesional-personal y de postgrado relacionados con la historiografía y la literatura (fuentes e investigación histórica, centros de documentación, archivos y bibliotecas, historia y literatura...). En esos años entra a formar parte, como voz tenor, en la Coral Laudística “Amigos del Arte” con la que participa en numerosos recitales por el territorio nacional.

Aquí inicia su faceta de escritor como labor más seria. Confecciona dos poemarios “Labrador Habla”(2002) y “Con el estribillo del amor”(2003), aún inéditos. Comienza a recopilar información para editar un libro sobre Vera de Moncayo. Tras dos años de intenso trabajo de archivo y recopilación de documentos, el libro ve la luz con el título de “VERA DE MONCAYO. Memoria Histórica”, editado por la Institución Fernando el Católico (2005).
Un libro en el que confluyen ensayo y narración, una obra imprescindible para entender el pasado del pueblo moncaino, sus tradiciones e historia y que ofrece esenciales documentos de archivo [Carta de población de Blasco de Huesca (1162), donación de la villa de Vera al monasterio de Veruela por el rey de Aragón, Alfonso II (1172), carta Puebla de Vera de Moncayo (1368), acta de consagración de la iglesia del monasterio de Veruela, bendición de la iglesia parroquial de Vera de Moncayo (1544)], un libro que demuestra la importante capacidad del autor para crear obras que conllevan calidad y dedicación. 
Con su libro “ORUÑA” (2008), el autor nos lleva a los territorios brumosos de Iberia donde celtíberos y romanos luchan enconadamente, unos por defender su territorio y los otros por conquistarlo. El autor traza dos historias paralelas y se sirve de las crónicas del historiador romano Apiano para hilvanar una bella historia con un final épico, todo ello trufado con  los poemas (de aroma arcaizante) que cita el protagonista y con importantes datos sobre el yacimiento celtíbero. 
Cita en una de sus críticas el escritor Luis Bazán Aguerri: "En Oruña no se ha construído una novela histórica, no. En Oruña, de la historia, se ha contado otra historia; la desconocida tras siglos de olvido; ese olvido que encamina y empuja a cometer continuamente los mismos errores. El acercarnos a los hechos partiendo de tres puntos distintos (con el punto de vista del narrador serían cuatro), logra José Ángel Monteagudo una obra en relieve al superponer los planos en un complejo diseño arquitectónico (que parece sencillo, pero no lo es), además de cuidar (como si dirigiese una pieza teatral), el movimiento secundario del que no se habla, pero que está ahí, dándole perspectiva incluso al paisaje, porque no debemos olvidar que, como buen conocedor del paisaje preromano donde transcurre la obra, se convierte en el cicerone ideal y nos sube y nos baja por laderas inaccesibles y nos hace beber del agua fresca de los manantiales del Moncayo (mil veces hollado y siempre virginal), nos pasea por las calles de la Oruña perdida y nos muestra por unos instantes el marco Becqueriano con la inconfundible Cruz Negra, y vislumbramos con él los viejos bosques ya desaparecidos. 

Hay un aspecto que debe destacarse en ORUÑA: los ensamblajes de las distintas partes. No podemos usar aquí el lenguaje informático de cortar y pegar porque sería quitarle valor a lo que realmente ha conseguido el autor. Es mucho más correcto decir que ha usado el bisturí con precisión. Ha terminado cada apartado en el punto exacto. Y ha cosido nervios, venas y masa muscular donde y como se debe hacer, conectando, así, la realidad a la ficción lejana, y la ficción lejana a la ficción cercana: todo un logro. Bosquejo de ensayo, novela corta y narración brevísima; un tres en uno que facilita el conocimiento e invita a saber". 

Más reseñas de reconocidos autores literarios (Luis Bazán, Gracia Mosteo, José Luis Arce, Marín Uriol, Luis Borrás), certifican la calidad e interés de este libro. Esta pulsión sobre la historia que ya había iniciado con el estudio de la carrera, y que certifican estos dos libros, le impulsa para participar en simposios, cursos, seminarios o talleres dedicados a la historiografía, organizados desde la Universidad o desde Instituciones dedicadas a la cultura.

Participa en la antología “DUCHA ESCOCESA” (2008), libro dedicado a la memoria del escritor José Antonio Román Ledo. Elabora (junto a José Luis de Arce) el libro “CIEN PREMIOS BÚHO” (2010), un arduo trabajo que recoge los cien premios dados por la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro desde su creación hasta el año 2009, incluyendo la glosa que se leyó en su día para la entrega del galardón así como una breve reseña del autor o institución que recibió el premio.
Es autor del comprometido poemario “ESPAÑA DE DAMOCLES”(2004), que intenta aportar una visión general de España y sus gentes. España como palabra desvirtuada y “país de países” de alma errante, y sus gentes como catalizadoras de sus males y virtudes. Autor de los celebrados ensayos: "La generación poética aragonesa del 65" (2007), "Los hermanos Bécquer; la mirada costumbrista"(2008), "Miguel Hernández; la poética trágica del compromiso (inflexión y cardinalidad del poeta)"(2010).

Comprometido con la cultura y el ámbito del libro, entra a formar parte de la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro colaborando con sus miembros en las diversas actividades que se llevan a cabo, siendo elegido Secretario General de la misma en el año 2004, cargo que desempeña hasta el año 2018 donde pasa a formar parte como vocal de la Junta Directiva.
Fue director de la revista cultural y literaria aragonesa BARATARIA  -desde el año 2007 hasta el año 2016-  (publicación que en  la actualidad atesora más de 35 años de antigüedad a su espalda y que marcha por su número 42) en la que recoge el testigo en la dirección de otros importantes autores de las letras aragonesas.

La aparición de su libro “TIERRA TERRIBLAS”, editorial Certeza, 2012, fue celebrada como una de las sorpresas literarias aragonesas, narrativa apartada de la previsibilidad y que nos enseña nuevos caminos. Un libro imaginativo y brillante abierto al humanismo como concepto y al pensamiento como valor, de imprescindible lectura. Un libro arriesgado en el fondo y en la forma; no se trata de una narración lineal al uso sino que imbrica sucesivos relatos que utilizan como nexo entre ellos una idea, un pensamiento o una reflexión, utilizando un escenario o territorio común.

Destaca del mismo el escritor Javier Aguirre: "la sutileza del espíritu, la capacidad de sorpresa, la magia de la palabra y de la sugerencia. Es un libro para las ocasiones que permiten llegar al fondo de las cosas, de su significado, de su compleja simplicidad. Los cuatro caminos para alcanzar el sentido de lo absoluto confluyen en el sendero que va de la Ciudad Niebla a Puerto Valdorno, emblemáticos destinos para quien aspira a un disfrute de la literatura de gran calado, aquella que da espacio al humor inteligente, a la referencia erudita, al gozo vital".  

 Reseña el escritor y crítico literario Gracia Mosteo: "Un libro donde los fantasmas de Vázquez Prada, Pío Baroja, Bob Dylan o Román Ledo, deambulan por los caminos de un mundo de papel e ironía arrastrando sus bolas de hierro y filosofando en zapatillas sobre la vida y su espejo cóncavo, la literatura. De esta forma, cuando abrimos el libro entramos en un mapa ensoñado donde no falta la emisora de radio, el café (Puerto Valdorno), su periódico (Diario de las Terriblas), la música (el rock&roll), su circo literario y hasta sus corridas no precisamente de toros, pero tampoco de las otras, que no hace falta ser sicalíptico sino imaginativo; un plano, decía, lleno de trampantojos, simulaciones, pirados y farsantes, que el autor y sus personajes (los agriescritores) transitan y desenmascaran a golpe de disparate, paradoja y contrasentido; un mapa narrativo y conceptual pero también heterodoxo, sin trama ni argumento, dibujado en dobladillos que son compartimentos estancos como aquellos mapas de piratas en trozos; un libro delirante que es narración, ensayo e incluso a veces poesía".

Muchos autores y críticos han certificado la importancia y valor de este libro (Javier Aguirre, Cancer Campo, Gracia Mosteo, Lozano Gari, Mª Dolores Tolosa...)

El año 2014 alumbra dos nuevos libros de nuestro autor, esta vez en colaboración con otros autores. El primero "Rock the casbah" escrito junto a José Mª Serrano, una obra en la que se cruzan los caminos de Oscar Wilde y Gustavo Adolfo Bécquer en una atractiva historia. El segundo "El Pentáculo francés" junto a los escritores Javier Aguirre, Luis Bazán y Raúl Tristán, cuatro historias que se desarrollan en territorio francés y en las que los autores han interactuado en cada uno de sus tramos. 

El año 2016 alumbra la edición de su primer poemario "La herida" (si bien es cierto que el autor ya había escrito y publicado bastante poesía en diversas revistas literarias). "La herida" es un poemario desarraigado y de sórdida belleza, atormentado, de fuerte carga emocional, siguiendo la estela de los simbolistas franceses a modo de homenaje. Versos en los que afloran los sentimientos encontrados, la angustia, el dolor y sus fantasmas de manera permanente. De Montauban, la ciudad tranquila, a la luminosa y eterna París, donde el hotel Montreal surge entre sus sombras como refugio seguro de un alma a la deriva traicionada por sus recuerdos y ansiedades, que en la búsqueda de un vestigio de vida intenta obviar su oscuro destino.
El reconocido y gran poeta Ángel Guinda, Premio Aragón de las Letras en 2011, es el autor del prólogo "Unas palabras de compañía". 
El libro contiene unas desgarradoras ilustraciones del artista plástico Javier Tramullas Beltrán, autor de colaboraciones en otras obras del autor, y un épilogo que firma F. Javier Aguirre. El libro fue un éxito agotándose la edición en poco tiempo por lo que el autor decidió preparar una nueva edición ampliada (tanto en poemas como en dibujos) y traducirla al francés.

En el año 2018 se publica el poemario (versión bilingüe español-francés) "El puñal y la herida"/"Le poignard et la blessure", una versión ampliada de "La herida" con 15 poemas, 15 ilustraciones del artista Javier Tramullas, y la traducción de los poemas y los textos a cargo de Maite Blasco. Se respeta el prólogo de Ángel Guinda y el epílogo de Francisco Javier Aguirre.

Comenta del mismo el escritor y crítico literario, José Luis Gracia Mosteo:

"EL PUÑAL Y LA HERIDA es el título del último poemario de José Ángel Monteagudo, que antes había dado a la imprenta media docena de títulos. Publicado por la editorial Onix Editor, se trata de un libro bilingüe –español y francés- con ilustraciones del artista Javier Tramullas. El puñal y la herida es la obra de un afrancesado de la mejor tradición, aquella que dio a las artes y la literatura figuras como Leandro Fernández de Moratín, Mariano José de Larra, Juan Meléndez Valdés o Alberto Lista, por no hablar de Francisco de Goya; gente culta, tolerante y civilizada. Comienza con un Prólogo del poeta Ángel Guinda que nos avisa que el “autor certifica nuestra condena a resistir en un mundo que nos recuerda el origen torcido de la condición humana”, y concluye con un Epílogo de Francisco Javier Aguirre, que habla del descenso del autor a los subterráneos de París, pero también del ser humano. Entre uno y otro, quince poemas impresionantes, desgarradores y, a menudo, duros; un paseo por lo mejor y lo peor de las calles en poemas que impresionan como "Quizá", "Prohibido escupir", "Nada que declarar", "El vino tinto", "La ventana duplicada", "Ataúdes" o "El testamento", por no citar más. Amargo y nihilista, he aquí un libro difícil de olvidar y muy recomendable".

En el año 2022 ve la luz un libro dedicado a los "Dances y Auroras de Vera de Moncayo" editado por la Institución Fernando el Católico, un trabajo exhaustivo sobre el devenir del dance y el paloteado además de incluir todas las Auroras que se cantaban (y algunas todavía se entonan) en la villa de Vera de Moncayo. En ese mismo año participa en la antología "De propio por Aragón" con un relato sobre el Dance en Aragón aunque focalizado en la zona del Moncayo.
En el año 2025 participa en el libro "Invierno" (Ónix Editor) con una colaboración junto a diversos autores y ha publicado un nuevo ensayo histórico con la Institución Fernando el Católico sobre la figura de la diosa celta Brigid y su sincretismo cristiano; santa Brígida. Un importante y completo estudio donde se analiza su historia a través de los siglos y su singular advocación en la villa aragonesa de Vera de Moncayo. La obra lleva por título "Brigid, santa Brígida y Vera de Moncayo. De la divinidad celta Brigid al sincretismo cristiano de santa Brígida y su singular advocación en Vera de Moncayo" (Institución Fernando el Católico). En este estudio-ensayo  sobre la figura  de santa Brígida, santa irlandesa por excelencia y patrona de la villa de Vera de Moncayo, se ha tratado de cimentar un corpus de documentos e informaciones (históricas, literarias, religiosas, etnográficas…) que nos permitan aclarar las enormes complejidades del personaje (santa Brígida) tanto en su origen céltico como después en su sincretización cristiana, pues las informaciones tanto de su vida y obra —así como las de la diosa Brigid— muchas veces están distorsionadas o no están tratadas con el rigor que se merecen. Sin duda se trata de una obra completísima, quizá se trate de la obra más completa y documentada en español acerca de santa Brígida (Brigid), pues como hemos expresado las informaciones que se ofrecían sobre la diosa pero sobre todo la santa estaban muy dispersas (tanto en obras como archivos) y en muchos casos distorsionadas a la hora de expresarlas, reflejarlas o contarlas (muchas veces abusando de repeticiones de hechos sin citar la procedencia directa o las fuentes). Además, la mayoría de esa información procede de archivos de habla latina, gaélica o inglesa, con el consiguiente trabajo para su traducción y consulta.

En este estudio el autor consigue un trabajo completo y erudito pero al mismo tiempo ameno en su estructura, pudiendo abordarlo en un conjunto general pero también —si el lector lo requiere— afrontarlo por capítulos individuales, pues en cada capítulo se expone y delimita perfectamente la información que se va a tratar (aunque la teoría de los capítulos sea la de los «vasos comunicantes» en la que toda la información se complementa, cada capítulo no pierde su esencia general al ser abordado de manera individual). 


José Ángel Monteagudo en su faceta narrativa se revela como un autor brillante e imaginativo de las letras aragonesas. Un escritor reconocido por su clase literaria y que siempre dota a sus obras de una manifiesta calidad y de una prosa de sentido lírico, cuidada y densa, buscando la palabra exacta para el momento narrativo adecuado.
En su faceta como historiador resaltan sus cuidados y metódicos trabajos, aportando rigor científico tanto en la forma de exposición con razonamientos lógicos así como por el aporte de amplias referencias y documentos de archivo.

OBRAS

Ensayo histórico- Obra historiográfica-Etnografía:

·         Vera de Moncayo. Memoria Histórica”. (Institución Fernando el Católico, 2005).
*    "Dances y Auroras de Vera de Moncayo" (Institución Fernando el Católico, 2022).
*    "La Oruña: historia y cultura celtibérica en Vera de Moncayo", Institución "Fernando el Católico", colección Actas (2025).


Ensayo literario:

       ·         “Cien Premios Búho” (Editorial DELSAN, 2010).
·         “La generación poética aragonesa del 65”, Criaturas saturnianas (2007)
·         “Miguel Hernández: La poética trágica del compromiso (inflexión y  cardinalidad del poeta), Imán (Asociación aragonesa de escritores) (2010)
*    "Manuel Pinillos (1914-1989): la poética del desarraigo existencial", Imán (Asociación Aragonesa de escritores) (2014).



Narrativa:

·         Oruña” (Libros Certeza, 2008)
·         Ducha Escocesa (Libros Certeza, Coautor, 2008).
·          “Tierra Terriblas” (Libros Certeza, 2012).
·          “Rock the casbah” (Libros Certeza, Colección Mandoble, Coautor con José Mª Serrano, 2014). 
  "El pentáculo francés" (Libros Certeza, Coautor con Javier Aguirre, Luis Bazán y Raúl Tristán, 2014).
*       "De propio por Aragón" (Libros Certeza, 2022).
*       "Invierno" (ÓNIX Editor, 2025).

     
Poesía:
                    
·         “Labrador habla” (Inédito) (2002)
·         “España de Damocles” , Fardacho ediciones, Plaquette, (2004)
*      La herida Editorial Teleo, colección Esbozos (2016  
*      "El puñal y la herida"/"Le poignard et la blessure", Onix editor (2018).




Bibliografía

―“La historia de Vera en un libro” [Reseña de “Vera de Moncayo. Memoria histórica”], El periódico de Aragón, La Crónica de Tarazona y el Moncayo, febrero 2005.

―ROMÁN LEDO, José Antonio, Reseña de “Vera de Moncayo. Memoria Histórica”, Barataria, nº19, abril 2005.

―MARÍN URIOL, Miguel Ángel, Artículo “El retorno del tiempo. A José Ángel Monteagudo”, Barataria, nº22, diciembre 2006.

―“José Ángel Monteagudo o el acervo celtíbero” [Reseña de “Oruña”], Barataria, n’25, diciembre 2008.

ARCE, José Luis, “Oruña de José Ángel Monteagudo”, Vínculo, nº 212, diciembre 2008.

―“Oruña de José Ángel Monteagudo”, La actualidad de Tarazona y el Moncayo, abril, 2009

―YUSTA, Miguel Ángel, “José Ángel Monteagudo”, Heraldo de Aragón, abril 2009.

BORRÁS, Luis, “A los pies del Moncayo” [Reseña de “Oruña”], Diario del Alto Aragón, 23 agosto, 2009.

FATÁS, Guillermo, “Un huerto de letras repleto de frutos” [Reseña de “Cien premios búho”], Heraldo de Aragón, Artes & Letras, abril 2010.

AGUIRRE, Francisco Javier, “Sorpresa con dos mujeres” [Reseña del libro “Tierra Terriblas”], Heraldo de Aragón, Artes & Letras, abril 2012.

―”José Ángel Monteagudo o la narración sorprendente” [Reseña de “Tierra Terriblas”], Barataria, nº32, mayo 2012.

GRACIA MOSTEO, José Luis, “En tierra extraña” [Reseña de “Tierra Terriblas”], revista cultural Barataria, nº32, mayo 2012.

"ORUÑA" por José Luis de Arce (Abogado y articulista)

Es notable el esfuerzo que despliega el editor Vicente Zalaya (“CERTEZA”) para descubrir talentos literarios y darlos a conocer, bendito sea, en este secarral intelectual aragonés, tan despoblado. Acabo de leer “ORUÑA”, de José Ángel Monteagudo, último número de su ya importante colección “Cantela”, y compruebo una vez más el olfato de este hombre, José Vicente, para detectar indudables valores.

Entre tanto seudo–cuento y tanta novela mala, jaleadas, eso sí, por corifeos organizados, surge a veces un libro sencillo y llano, directo, fresco y poderoso de contenido. No es necesario llenar páginas y páginas ni envolver el ladrillo en cartoné y sobrecubiertas brillantes para hacer un libro; a veces un producto modesto y breve tiene mucho más fondo y valor porque es espontáneo, original, ha sido trabajado con intensidad y consigue el doble objetivo de entretener y enseñar.

Este es el caso de “ORUÑA”, relato corto que recrea la gesta de los celtíberos que poblaron el somontano del Moncayo hasta que fueron sojuzgados por las tropas romanas en el siglo II a.C. Para construir su documentado libro, Monteagudo se vale de materiales históricos y de fabulación, manejando dos historias paralelas, abundantes datos y referencias arqueológicas y citas de autores clásicos; con todo ello pretende el autor –y lo consigue– dar un aire de veracidad a esa historia que también es un homenaje emocionado al valor y sentimientos de libertad de los ancestros, ya que según la tesis que viene a sostener Monteagudo, los antiguos pobladores del cerro de Oruña son los antecesores de los actuales habitantes de Vera de Moncayo, de donde es oriundo el propio autor.

De lectura amena, se completa la historia con la inclusión entre capítulo y capítulo de algunos poemas de gran fuerza expresiva, que revelan la calidad de la madera literaria que derrocha este escritor que promete y que ya tiene algunas publicaciones en su haber y nos anuncia próximos trabajos.
*Publicado en la revista "Vínculo" (Diciembre, 2008)

Crítica de "Oruña" por Luis Bazán (Profesor y escritor)

La historia ha sido usada, en demasiadas ocasiones, como marco de narraciones que, con más o menos acierto, movían personajes ajenos a la verdadera historia.
Tómese lo dicho anteriormente en el sentido más estricto de la palabra HISTORIA.
Monteagudo, en ORUÑA, da un vuelco en el planteamiento de cómo deben contarse las cosas, en el cómo hacer llegar al lector lo que sucedió y hacerlo creíble. Partiendo de testimonios escritos en el siglo II a.C. conduce con su trabajo hacia la contemplación pormenorizada de los momentos cruciales de un pueblo, el celtíbero, antes de su desaparición.

El qué guía al cómo y desarrolla el porqué: me explicaré.
A lo largo de esta obra (a la que le faltan otras tantas páginas para que quedase satisfecha la curiosidad del lector), el autor desenvuelve con mimo pausado una verdad histórica. Se sumerge, e invita a sumergirse con él, en un laberinto de piedras que, para los desconocedores de la realidad, son sólo piedras y nada más que piedras. Pero cuando muestra, y demuestra, que cada una de esas piedras fueron colocadas, habitadas y defendidas por hombres de carne y hueso, con sentimientos de dignidad y orgullo, no queda más que asumir que la labor realizada por Monteagudo va encaminada, no a narrarnos una novela (que de eso tiene, y mucho), sino a dejar abierta la puerta de un posible ensayo o estudio sobre nuestros ancestros. Si a eso le sumamos las pinceladas de una narración breve ambientada en los principios del siglo XXI, obtenemos una sinopsis sobre la desesperación del ser humano por la supervivencia de su libertad en tiempos lejanos, y que en nada difiere a la que ansían algunos pueblos en los tiempos que nos ha tocado vivir.
Ahí es donde aparece el qué empujó a los hombres a actuar de un modo determinado; cómo fueron los acontecimientos que se desencadenaron y el porqué de los resultados finales. Por lo tanto nos encontramos ante una lección de historia.

En ORUÑA no se ha construido una novela histórica, no. En ORUÑA, de la historia, se ha contado la otra historia; la desconocida tras siglos de olvido; ese olvido que encamina y empuja a cometer continuamente los mismos errores.
El acercarnos a los hechos partiendo de tres puntos distintos (con el punto de vista del narrador serían cuatro), logra José Ángel Monteagudo una obra en relieve al superponer los planos en un complejo diseño arquitectónico (que parece sencillo, pero que no lo es), además de cuidar (como si dirigiese una pieza teatral), el movimiento secundario del que no se habla, pero que está ahí, dándole perspectiva incluso al paisaje, porque no debemos olvidar que, como buen conocedor del paisaje prerromano donde transcurre la obra, se convierte en el cicerone ideal y nos sube y nos baja por laderas inaccesible y nos hace beber del agua fresca de los manantiales al pie del Moncayo (mil veces hollado y siempre virginal), nos pasea por las calles de la ORUÑA perdida y nos muestra por unos instantes el marco Becqueriano con la inconfundible Cruz Negra, y vislumbramos con él los viejos bosques ya desaparecidos.
Hay un aspecto que debe destacarse en ORUÑA: los ensamblajes de las distintas partes. No podemos usar aquí el lenguaje informático de cortar y pegar porque sería quitarle valor a lo que realmente ha conseguido el autor.
Es mucho más correcto decir que ha usado el bisturí con precisión. Ha terminado cada apartado en el punto exacto. Y ha cosido nervios, venas y masa muscular donde y como se debe hacer; conectando, así, la realidad a la ficción lejana, y la ficción lejana a la ficción cercana: todo un logro.
Bosquejo de ensayo, novela corta y narración brevísima; un tres en uno que facilita el conocimiento, invita a saber y deja insatisfecho; es el cóctel perfecto para abrir el apetito de nuevas lecturas sobre el tema.

A ORUÑA hay que acercarse con humildad, porque humilde es su tamaño (ya he dicho, al comienzo de esta reseña, que le faltan otras tantas páginas -sólo cuenta con 95 empezando realmente en la 7-). Quien entre en él con la cantinela de los que todo lo saben y nadie les va a enseñar nada nuevo con el consabido “a ver qué me cuenta este”, “a ver qué se le ha ocurrido ahora”, etc. etc., que no lo abra. Que no lo abra aunque lo haya comprado ya, porque con esos aires no conectará con Gelan (alma mater del desarrollo), ni con las líneas de Apiano (testigo directo de los hechos), ni con la inocencia de Gema (cuyo interés por el conocimiento no ha hecho más que empezar).

He disfrutado con esta lectura, e invito a recorrer sus páginas posándose en los puntos que el lector considere oportuno (porque puntos donde posar el razonamiento no le van a faltar).

(Noviembre, 2008)

Sobre "Oruña" por Miguel Ángel Marín Uriol (Poeta y escritor)

Querido amigo:

En primer lugar felicitarte por la historia que acabo de leer basada en la leyenda que como dices ha corrido de boca en boca a través de dos siglos y que yo desconocía.
Mucho has trabajado pero como Gelan, has dado a Oruña la merecida libertad por segunda vez envelesándome hoja tras hoja del libro dado mi amor a esa tierra y la preciosa descripción histórica que del cerro haces.

Sin duda que las cosas adquieren gran valor en el recuerdo, y a los locos alucinados por la esfinge terrible, nos hace esclavos tanto de los pormenores históricos, así como de aquello que decora una subsistencia que hará reverdecer en el futuro las raíces del presente; no olvidemos que lo nuevo se sustenta de lo viejo.

Entrañable sorpresa

Te confieso con gratitud que a mí me hubiera gustado escribir ese libro tan bien llevado, con tantos datos novelados o no. Una férrea voluntad propia de un espíritu preparado. Una voluntad que deseo de todo corazón no decaiga jamás. No olvidemos tampoco que los fracasos son el privilegio de los éxitos. No esperemos nada. Trabajemos, que como decía mi padre, del cuero salen las correas.

Nadie podía imaginar, ni el mismo Buntalos, que un día sus restos y ofrendas, trasladarían el mito de Argos en la búsqueda infructuosa del Vellocino de oro, a un lugar privilegiado de nuestro querido Moncayo.

Felicidades, con gratitud y cariño.
(Noviembre, 2008)

TO BUILD OR NOT TO BUILD por José Luis Gracia Mosteo (Escritor y crítico literario)

Gruña, como la llaman localmente, u Oruña, es el nombre de un cerro que se halla en las cercanías de Vera del Moncayo; una colina donde se encuentran las ruinas de un poblado celtíbero próximo al monasterio de Veruela, donde el autor de este libro teje una historia doble de recuerdos y heroísmo en una interesante nouvelle que inicia su carrera narrativa.
José Ángel Monteagudo es un escritor y estudioso que ya antes había dado a la estampa dos ensayos sobre la zona: Vera de Moncayo. Memoria Histórica (2005) y Los hermanos Bécquer, la mirada costumbrista (2008), además de un par de poemarios: Labrador Habla (2003) y España de Damocles (2004), que certifican su curiosidad lectora y su capacidad literaria.
Hace veinticinco años que ejerzo la crítica y, aunque a trancas y barrancas, creo haber desarrollado ese criterio que otorga el estudio de la Historia de la Literatura y el ejercicio de la lectura y su comentario continuado. Jamás se me ocurriría, por contra, escribir sobre medicina o leyes. Creo diferenciar una sextina de una sextilla o una metáfora de una metonimia, del mismo modo que pienso que sólo se puede comprender El otoño del patriarca de García Márquez si se ha leído a Tirano Banderas de Valle Inclán, o a los Novísimos si se conoce la poesía helenística. No soy de fiar, es cierto. En 1984, el profesor Valbuena Prat me llamó como teacher assistant de su cátedra de literatura en la Universidad de Delaware (EEUU) en sustitución de la profesora Carmen Pérez que regresaba a España, pero engolfado como estaba en la Movida (eran los 80), tras imitar a Hamlet durante meses con el contrato en lugar de con la calavera, elegí la compañía de las chicas de Madrid, los amigos con querencia por el vino y la literatura en primera persona. Si hice mal, lo dirán los lectores. Así que, volviendo a la reseña, espero ser fiel a ese destino que me hizo crítico antes que escritor.

Oruña es la narración de un pasado mítico atractivamente evocado; un tiempo brumoso, ese de la Iberia que acabaría siendo Hispania, y la lucha de sus orgullosas tribus contra al invasor (Roma) civilizador (la historia, como escribieron Pitágoras y Nietzsche, es un eterno retorno: algo parecido ocurriría entre Napoleón y la España decimonónica, pero con diferente suerte); en definitiva, el dilema entre identidad y razón. Si a esto añadimos que está contada con un español modulado y frecuentemente lírico; un español que se ajusta al argumento y donde cabe destacar los poemas intencionadamente arcaizantes y el aroma épico de una trama que engancha, no podemos sino dar la bienvenida al autor.
Sin embargo, esta interesante historia está intercalada de largas digresiones geográficas, arqueológicas e históricas contadas en off y desde la actualidad; unas explicaciones que cortan esa “suspensión de la realidad” que debe ser una narración, pues su tono técnico y bibliográfico choca con el puramente literario. To be or not to be. That is the question. “Ser o no ser. De eso se trata”, traducen hoy a Shakespeare, corrigiendo la desusada “cuestión.” En Oruña sería mejor decir: To build or not to build: “Construir o no construir.” De eso se trata. De la arquitectura de esta nouvelle sustentada sobre la historia de Gelán, Bonakos, Nunn o Ana, pero también sobre notas de arqueólogos y excavaciones que, situadas en un apéndice final, habrían dejado la novela en relato y mejorado su tono e intensidad. He ahí la cuestión.
Por otra parte, quiero pedir disculpas por tanta digresión (yo, también), pero es la reseña de un amigo y el dilema estaba entre la amistad y la honradez. En todo caso, el mismísimo T. S. Eliot dejó escrito un libro titulado Criticar al Crítico, así que acepto cualquier veredicto.

(Octubre, 2008)

Presentación de "ORUÑA" en Zaragoza

El pasado mes de noviembre (2008) se presentó el libro ORUÑA de José Ángel Monteagudo, en la Biblioteca de Aragón con una sala polivalente llena a rebosar. Asistieron grandes personalidades de la cultura aragonesa, asi como numerosos escritores. El acto fue presentado por el vicepresidente de Amigos del libro, D. José Mª Hernández de la Torre, el abogado, articulista D. José Luis de Arce y contó con la presencia del propio autor que también participó en la exposición y firmó numerosos ejemplares al finalizar el acto. A continuación reseñamos una pequeña sinopsis del libro


ORUÑA o El acervo celtíbero

Dotado de una pluma
certera y una prosa cuidada y limpia, José Ángel nos hace partícipes de una historia brillante y conmovedora al mismo tiempo, con un dominio narrativo excepcional que nos sitúa en los escenarios y las acciones de manera ejemplar. Un relato para intuir el alma que poseen las palabras, descubrir el verdadero valor de las acciones humanas y creer en el poder del corazón. La Oruña celtíbera descansa incólume a los pies del mítico Moncayo, vive en el recuerdo colectivo de un pueblo a través de varias generaciones y destila dos historias paralelas que amparan su presencia en el devenir del tiempo. Leyenda y realidad caminan de la mano alentando la imaginación y alimentando nuestro conocimiento con la cultura como única y particular estación de destino.




Entrevista a José Ángel Monteagudo por Andrea (marzo, 2008, trabajo fin de grado).



















¿Cuándo comenzaste a escribir?
–En la adolescencia.

¿Qué te motivó a ello?

–La inquietud de expresar sentimientos, de contar historias y hacer a los demás partícipes de ellas.

¿Qué papel juega la imaginación a la hora de escribir?

–Creo que la imaginación supone un 80% de importancia. Una historia bien elaborada es primordial, la corrección lingüística se da por supuesta; si a esto añadimos calidad literaria y unas grandes dosis de imaginación que nos lleva a situaciones, lugares o ritmos que hacen desbordar nuestra fantasía y nuestros mundos lectores, el escritor ha conseguido su objetivo. Si la imaginación va acompañada de originalidad, gran obra.
La previsibilidad suele echar a perder la chispa de la narración que la imaginación, en cambio, incentiva.

¿Qué opinas de los premios literarios?

–Los grandes están amañados. Los demás: hay de todo. Si el jurado tiene un mínimo de dignidad y vergüenza hará las cosas bien y no se dejará influenciar por nadie, atendiendo, tan sólo, a la calidad que vea reflejada en los trabajos presentados. Así debería ser, pero muchas veces no lo es.

¿Y del movimiento actual de publicación de libros a través de Internet?

–Es una opción más en este mundo de las comunicaciones que vivimos, pero el papel es el papel. Disfrutar del libro en la mano no tiene precio.

¿Crees que es necesaria la ayuda de un agente literario al empezar a publicar o basta con enviar tu manuscrito a la editorial?

–No lo veo necesario. Quizá más adelante... cuando uno maneja un gran volumen de trabajo, encargos, etc.
Hay que tocar en la puertas de muchas editoriales –generalmente en primera persona– y en la mayoría hay portazo, pero hay que seguir intentándolo.

¿Algún consejo para motivar a escribir a quienes ahora comienzan?

–Que lean. La lectura es primordial para coger hábito y para escribir bien.
Algo muy importante: que busquen la corrección en la escritura (que no la perfección), hay que escribir mucho para alcanzar buenos niveles literarios y coger práctica expresiva. No todo lo que se escribe –y menos en los inicios– es bueno, por ello hay que ser autocrítico y a su vez aprender de las críticas constructivas.
Tener siempre en el horizonte una premisa: para escribir un libro es importante tener algo que decir y decirlo bien –es decir, escribirlo bien–.

¿Y algún consejo para aprender a disfrutar con la lectura?

–El hábito que hayamos adquirido desde niños será el que nos empuje a disfrutar de los libros y sus lecturas. No hay otro secreto.

¿Cuál será tu próximo libro?

– El primero será “Ducha Escocesa”. Un libro de cuentos, en homenaje a un gran escritor aragonés desaparecido el año pasado, José Antonio Román Ledo. En él participo como coautor.
El segundo, ya como autor, será “Oruña”. Un libro que albergará un relato que narra la leyenda de un poblado celtíbero a las faldas del Moncayo.

¿Cuándo podremos leerlo?

–Ambos se editarán este año 2008.

¿Algún lugar te inspira a escribir?

–Si quieres decir “evocar”, sí. Siempre hay algún lugar que te atrapa y escribes sobre él. Mi primer libro fue una Memoria Histórica sobre mi pueblo, Vera de Moncayo. Como ves, sí existen esos lugares evocadores y de inspiración que cada uno lleva consigo o los encuentra, y escribe sobre ellos.
Por otra parte si te refieres a lugar de trabajo como escritor también lo hay. En las casas de mis pueblos (Bulbuente, por parte de mi mujer, y Vera de Moncayo, por parte materna) disfruto escribiendo.

¿Te has inspirado alguna vez en tus propias experiencias a la hora de escribir?

–Siempre hay pequeñas vivencias que aportan tu experiencia vital a las obras, unas veces son más directas y otras se usan como recurso en tercera persona.

¿Cuándo se publicó tu primera obra?

– En enero del año 2005.

¿Rechazaron en muchas ocasiones tu trabajo?

– Varias, pero no hay que perder la fe. No hay que perseguir la publicación como un fin último sino como un objetivo que cuando llegue será gratificante. Creer en nosotros mismos y en nuestro trabajo será determinante para seguir intentándolo.

*En la foto, José Ángel firma ejemplares de uno de sus libros en el Paseo de Independencia de Zaragoza, durante la feria del libro 2005.

Conferencia sobre los Hermanos Bécquer

CONFERENCIA: LOS HERMANOS BÉCQUER
La mirada costumbrista en los parajes de una villa aragonesa.


CONFERENCIANTE: JOSÉ ÁNGEL MONTEAGUDO
Copyright del texto: José Ángel Monteagudo
(Registro de la propiedad intelectual. Gobierno de Aragón)
FECHA: 17–febrero–2009 (Biblioteca de Aragón, C/ Dr. Cerrada, 22)


Bien conocida a nivel popular es la estancia de los hermanos Bécquer en el monasterio de Veruela y su contribución a la imagen del mismo como lugar romántico y misterioso. Esa fama se ha perpetuado a lo largo de los años, sobre todo la del poeta Gustavo Adolfo ensombreciendo un poco la de su hermano; el pintor Valeriano. Para los más jóvenes, o neófitos, incluso se puede decir que la imagen de Valeriano es sombría, casi inexistente, reduciéndola a pura anécdota cuando no hay nada más lejos de la realidad y más inexacto si nos referimos a su labor costumbrista como vamos a comprobar a lo largo de esta charla.
Los hermanos Bécquer, Gustavo Adolfo y Valeriano, procedían de una familia sevillana de larga tradición artística, donde su padre José Domínguez Bécquer y su tío Joaquín Domínguez Bécquer tenían buena reputación como pintores costumbristas. Quedaron huérfanos muy jóvenes y bajo la tutela de sus parientes compaginan el aprendizaje de dibujantes y pintores con sus estudios, dirigiendo su interés principal hacia la historia del arte y la literatura romántica.
No vamos a indagar en profundidad en la biografía de los Bécquer, haremos unas breves referencias de localización e iremos directamente a su estancia principal por las tierras del Moncayo. Tras numerosos avatares en su vida (temprana muerte de sus progenitores quedando a cargo de su tía Maria Bastida y después a cargo de su madrina Manuela Monahay, traslado a Madrid, affaires amorosos –recordemos que corteja a Josefina Espín pero se enamora de su hermana Julia, ambas hijas del músico Joaquín Espin–, se casa con Casta Esteban), Gustavo Adolfo enferma de tuberculosis –entonces enfermedad mortal–.
En el verano de 1863, Gustavo Adolfo, enfermo, llega a casa de su hermano Valeriano en Sevilla, acompañado de su mujer Casta y su hijo Gregorio Gustavo Adolfo, nacido en la localidad de Noviercas un año antes, pues su mujer poseía bienes familiares y una casa. Valeriano se separa de su mujer (Winnefred Cogan) y en breve tiempo marcharán todos juntos a Madrid (incluidos los hijos de Valeriano; Alfredo y Julia). La residencia en Madrid es muy breve y a los pocos meses, en pleno invierno, los Bécquer se trasladan al monasterio de Veruela en busca de paz, sosiego y una cura de salud que se antoja prioritaria; esta estancia –fechada entre el invierno de 1863 y el verano de 1864– que de todos es conocida por sus geniales obras al amparo del cenobio de Veruela y del legendario Moncayo.

***

Pero sus obras no solo dieron a conocer el conjunto artístico y misterioso del propio monasterio sino también del Moncayo y de los pueblos y parajes cercanos al mismo. Aunque las leyendas son las obras más reconocidas de este periodo (Los ojos verdes, El gnomo, o La corza blanca, son sus exponentes directos), ambos hermanos también se preocuparon por reivindicar el acervo popular y costumbrista para que quedase constancia, con el paso de los años, de una forma de vida referida a la sociedad rural condenada a su paulatina desaparición. Esto no quiere decir que las propias leyendas, bajo ese halo misterioso, no portaran raíces costumbristas o populares; los ojos verdes, por ejemplo, maman de la propia esencia que los etnólogos han recogido en otros lugares en todo el territorio español, implicando a estos espíritus femeninos de las aguas (llámense lamias, dones d´aigua o moras encantadas).
Algunos estudiosos de la obra de Gustavo Adolfo Bécquer han querido ver (en los ojos verdes) esencias germánicas; La balada de Loreley, la ninfa del Rhin (recogida por Brentano, después por Heine, y covertida en ópera por Lachner) o El pescador de Goethe. Otros ven similitudes con El caballero de Cifar o La fuente de la mora encantada de Quintana ... Y así nos pasaría con las demás leyendas pues las anteriores fuentes literarias ayudaban a hacer nuevas versiones o simplemente ejercían de bálsamo imaginativo creando obras nuevas basadas en historias parecidas. Si a ello unimos las mismas tradiciones orales que en los entornos rurales eran de un componente muy fuerte justificaremos esos paralelismos.
Pero alejándonos de su obra más conocida indagaremos en el acervo costumbrista de los Bécquer por las tierras del Moncayo y rescataremos obras que con el paso del tiempo se han convertido en referencias ineludibles sobre las tradiciones, usos y costumbres de las gentes de aquella época.

***

Haremos una composición de lugar. Debemos comentar que en esta conexión cultural—costumbrista, la villa de Vera de Moncayo –por su proximidad y estrecha relación con el cenobio– será un lugar importante en la ambientación de varios de sus trabajos, así como para la convivencia y la vida diaria pues el abastecimiento e intendencia del complejo cisterciense, convertido por los avatares del devenir en hospedería, se llevaba a cabo desde la pequeña villa moncaína.
Esa citada conjunción de villa y cenobio, de Vera y Veruela, hizo posible la estancia de los hermanos Bécquer por las tierras del Moncayo aragonés (recordemos que pueblo y monasterio se encuentran separados por apenas un kilómetro de distancia). Hay que reflejar que la situación de la villa de Vera a mediados del S. XIX no era la que nos encontramos en la actualidad, sólo hay que hacer un ejercicio de traslación de ambientes... imaginemos: el aislamiento del pueblo era notable y los caminos de tierra, en lamentable estado, eran obstáculos con los que se encontraban caminantes y carruajes en su acceso al valle. No existían ninguna de las comodidades de las que gozamos actualmente –y apenas apreciamos–; no había electricidad, ni agua corriente en las casas, los candiles y las jofainas hacían las veces de bombillas y lavabos. Estas vicisitudes unidas a las adversidades meteorológicas, sobre todo en los meses invernales, convertían el camino al pueblo en una penosa travesía. A pesar de ello Vera, que por entonces contaría con unos 700 habitantes, aprovisionaba regularmente a la hospedería del monasterio y recibía el correo por valija tres veces a la semana, elementos fundamentales para las necesidades de ambos hermanos artistas, enamorados de los parajes del cenobio pero condenados a unos aislamientos duros tanto en lo personal como en los efectos de los meteoros.
Recordemos que el cenobio había pasado a manos particulares tras su desamortización[1] y funcionaba como una hospedería, sus celdas se reservaban durante gran parte del año al administrador del mismo, el notario de Vera, D. Santiago Sola. Pero era en los meses de verano, con la llegada de nuevos personajes e incluso familias enteras, cuando la vida social del monasterio adquiría mayor intensidad.
Un folleto publicado en 1861 bajo el título <> nos muestra las virtudes de estos parajes y su cometido sería el de divulgar las excelencias del lugar para atraer a nuevos visitantes. Consta de un “Romance” y de unas “Ordenanzas”, del primero extraemos estos versos;
-Todos los males se curan, con los aires de Veruela, menos el amor, la tisis, las manías y la suegra.
-De su hondo seno Moncayo por la pedregosa Huecha, nos da sus puras corrientes que aún más puras aquí llegan.
-¡Qué claustros! ¡Qué corredores! ¡Qué paseos! ¡Qué alamedas! ¡Qué sombra tan apacible! Y si arde julio, ¡qué fresca!
-De las brujas de Trasmoz que de unas a otras se heredan, y así sostienen su fama, no habléis mal, porque se vengan.
-Por eso yo, por si acaso las veo y se me presentan, lo primero que hago es darles un beso y una peseta.
-¡Qué paz! ¡Qué quietud! ¡Qué campo! ¡Como el ánimo se eleva con el libro, con una ave que te mira, canta y vuela!
-Las visitas no te llaman, los negocios no te degüellan, las campanas no te aturden, los primos no te primean.
-¿Se hunde el mundo? ¡Pobrecito! Casi lo siento de veras: mas no te llegue aquí el rumor, y que se hunda cuando quiera.
-¡Cuántos versos he de hacer cuando tenga tiempo y sepa en elogio de este sitio que la misma envidia lea!
-Añón envía sus truchas, Alcalá leche y manteca, Trasmoz ofrece sus vistas, Vera su mercado y tienda.

El “Romance” es muy amplio y menciona tradiciones y costumbres que se reflejarán después en los trabajos de los Bécquer (las cartas desde mi celda parten de este sustrato de tradición previa), pero en la última estrofa que hemos reproducido se puede comprobar la importancia de la intendencia que Vera ofrecía a los entonces visitantes del monasterio convertido en hospedería. Aunque este Romance tiene algunos versos realmente forzados –y algo torpes- ya destilan esa mezcla de localismos, referencias a las brujas e imágenes de tranquilidad que los hermanos Bécquer destilarán en algunos de sus trabajos.

Las ordenanzas para los huéspedes son realmente graciosas e hilarantes y simplemente vamos a citar alguno de sus artículos para que nos ayuden a comprender la mentalidad y la “vida social” desde que en 1849 se abriese la hospedería del monasterio.

Art. 12. Los huéspedes que trajesen perros, están obligados a hacer limpiar sus porquerías en el claustro, en el salón, en donde quiera dentro del edificio; y si no lo hicieren, en este caso no serán los perros los animales.
Art. 7º. Paséese por donde se quiera, es ley que al retirarse acudan todos a la Cruz negra a tertulia general: y si mas no se pudiere, se saludará a los que allí estuvieren.
Art. 8º. En aquella tertulia será lícito mentir, con tal que la mentira no pueda inducir en error a las preñadas y a los menores de diez años.
Art. 9º. El que reprenda, moteje o critique alguna expresión por poco propia o menos castiza en la lengua, solo será tenido por persona racional mientras estuviere presente.
Art. 6º. Cada uno paseará por donde quiera, como, donde y cuando quiera, sin que sea obligación, ni se crea buen modo llamar a otro para ir juntos salvo al paseo del Barranco y Prado Largo.
Estos dos lugares a los que se refiere alejados del recinto, comparecen en los cuadernos de apuntes de Valeriano. En concreto en el álbum “Expedición de Veruela” (del que hablaremos luego) aparece en la lámina 37 una estampa campestre, en la que varios hombres y mujeres, junto a un perro dormitan en el campo. Esta comida campestre certifica la aproximación de los dibujos de Valeriano hacia la realidad cotidiana.
Siguiendo con las ordenanzas, reseñaremos algunas más realmente graciosas:
Art. 10º. Ningún caballero acompañará a paseo a las señoras, si ellas no lo llamaren, a no ser la mujer propia, de la familia, pupila o tonta.
Art. 11º. Los casos en que una señora (o muchas) podrá llamar a un caballero a paseo, son:
1º Para librarla de la conversación de dos viejas que se empeñan en llevársela consigo.
2º Para que la ayude a llevar el miriñaque o alzarle el vestido si se lo pisase.
3º Cuando públicamente declare que le dará un patatús, si no tiene un hombre a su lado.
4º Cuando impensadamente oigan un trueno muy fuerte y perdier el color de miedo, o le sucediere otra cosa.
5º Cuando quisiere dar un paseo extraordinario, y lo son para las señoras del Barranco y Prado largo, aun en el prado de la Heregia, las vistas de Trasmoz y la acequia del tejar hasta el collado de Traid y la Aparecida.
El Moncayo siempre aparece como la montaña lejana, majestuosa. Ya algunas láminas de Valeriano lo refleja así: Expedición de Veruela, láminas 56, 59 y 89.
Art. 20º. Si alguno o algunos subiesen a Moncayo y a la vuelta dijesen que han visto este mundo y el otro, no por eso habrá obligación de creerlos, y volviendo un poco la cara se podrá reir de él o de ellos el que quisiere.
Por último reflejaremos dos artículos, cuando menos, singulares:
Art. 17º. Si alguna señorita o casada se declarase poetisa o escritora de novelas (ejemplares, por supuesto) se la dejará siempre sola: ni aun se le saludará para no distraerla.
Art. Adicional. Aquí las opiniones políticas son almas de otro mundo.

Está claro que retirarse al monasterio de Veruela era una inmersión en un mundo ajeno al tránsito urbano abrazando la soledad y el silencio de forma permanente. Aunque estas estancias estaban pensadas para el periodo veraniego y los viajes y estancias de ambos hermanos en Veruela no están claros si exceptuamos el período entre el invierno de 1863 y el verano de 1864. Está claro pues que los hermanos pasaron un crudo invierno de forma permanente con unas comodidades escasas y más por necesidad que por gusto.
Pero gracias a esta estancia, este viaje da como fruto artístico las conocidas cartas “Desde mi celda” de Gustavo Adolfo, editadas en El Contemporáneo de Madrid entre el 3 de Mayo y el 6 de Octubre de 1864, y el álbum de dibujos y acuarelas de su hermano Valeriano bajo el título “Espedición de Veruela”[2]. La mayoría de ellos están localizados en el propio monasterio y en los pueblos cercanos, entre los que se incluye Vera con particular querencia. Es un álbum que refleja los tipos y costumbres apartando la visión romántica de la época. Las láminas se dedican a aldeanos y lugareñas de la comarca en su quehacer diario, a los alrededores del monasterio (obviando la mayoría de las veces los lugares más monumentales del mismo, abandonando la grandeza de las exposiciones en pos de unas estampas más íntimas reflejando cualquier rincón o paraje cercano ), y –en buena parte– a plasmar detalles de la arquitectura popular (casas, interiores, calles).

***

Se puede calificar de determinante la figura del poeta Augusto Ferrán, gran amigo de los Bécquer. Ferrán era poeta, había vivido en el monasterio el año anterior a la larga estancia de los Bécquer en Veruela y diversas hipótesis apuntan a que su relación con Vera no era circunstancial, ya que su madre era aragonesa y mantenía lazos afectivos con varias familias zaragozanas. Aunque los hermanos Bécquer conocían la existencia del monasterio, es probable que Ferrán ejerciese un papel fundamental por su mayor conocimiento del entorno.
Augusto Ferrán había tratado se subsistir en París (junto a Julio Nombela, periodista y dramaturgo eapñol, tal y como éste reseña en sus memorias) como traductor y escritor de periódicos, trabajos muy mal pagados y considerados en aquella época. Ferrán abandonó la capital parisina al recibir la herencia de su madre. Hombre de vida desordenada y embarcado en proyectos editoriales que resultaron un fracaso (amén de avalar a compañeros de generación que luego no le respondieron), Ferrán agotó su patrimonio, decidiendo retirarse al monasterio de Veruela hacia finales de 1862 huyendo de sus acreedores. Allí le fueron llegando noticias de su descalabro financiero pues en las cartas que le llegaban por correo a Veruela el tema económico se trata permanentemente.

Allí escribió “El puñal”, una leyenda que es presentada como una tradición recogida en boca de un lugareño junto al cenobio verolense. La narración transcurre mientras se construye –a finales de la Edad Media– la cerca del monasterio. Como cita en uno de su numerosos trabajos sobre el autor, el estudioso Jesús Rubio; “Ferrán, tras narrar la fundación milagrosa del cenobio, transcribe el relato de un aldeano: un herrero, empleado en las obras del monasterio se enamoró de una joven judía de Trasmoz, rica y bella, que despreció al herrero. Despechado, ante la imposibilidad de lograr su amor, éste fabricó un puñal para asesinarla. Su amor se convirtió en una obsesión y en locura. Finalmente, al no poder llevar a cabo su venganza, decidió matarse él mismo con el puñal y al hacerlo, se produjo un fenómeno fantástico: el puñal absorbió toda la sangre que brotaba de su herida...”
Está claro que estas tierras y parajes del Moncayo daban juego para las historias fantásticas. Ferrán abandonó el monasterio dejando embargadas todas sus pertenencias, perdiendo así la mayoría de sus escritos que, aunque reclamados años más tarde al notario de Vera, D. Santiago Sola (administrador a su vez de la hospedería del monasterio), nunca le fueron devueltos.
En el año 1991 (casi 130 años después) aparecieron en un desván de la villa de Vera, entre los restos del archivo personal del notario D. Santiago Sola, parte de la obra de Augusto Ferrán. Se encuentran varias cartas y algunos libros bastante deteriorados que aunque no son muchos datos, sí los suficientes como para ahondar en el conocimiento de su obra y establecer nexos con la de Gustavo Adolfo Bécquer.

***

Volviendo a los hermanos Bécquer y su labor costumbrista, reseñaremos que Vera, por su cercanía al Cenobio, era visitada frecuentemente por ambos. Valeriano aprovechaba los desplazamientos a la Villa para realizar bocetos de cualquier rincón del mismo o simplemente dibujar escenas de la vida cotidiana, en las cuales se ven reflejadas las costumbres de sus habitantes.
Cita Santos Torroella en uno de sus estudios sobre Valeriano Bécquer: “Valeriano Bécquer es uno de los primeros pintores españoles, si no el primero, que a la manera de Monet o de Pisarro, échase al campo, con su mínimo taller a cuestas, para confiar al campo su inspiración y obra”[3].
El álbum “Expedición de Veruela”, fue un cuaderno de trabajo que Valeriano elaboró en la estancia antes indicada (Invierno 1863-vaerano 1864). Ya en una semblanza que Gustavo hace de su hermano poco después de muerto reseña:
“Allí dibujó mucho y pintó algunos cuadros de costumbres aragonesas y dos fantasías muy originales. Uno “En busca del diablo”, y otro “La pecadora”. También pintó “La vendimia”. En esta época se fijó en el estudio de las costumbres populares”.
Pues bien, muchos de estos trabajos pintados en la abadía se han perdido pasando a engrosar la lista de obras desaparecidas. Se calcula que de los 111 cuadros catalogados en su semblanza, sólo un tercio se halan localizados.
Más suerte tuvieron los dibujos. A la muerte de Valeriano, su viuda se llevó –como mínimo- tres álbumes de dibujo, según consta la carta que acompañaba al único de ellos conservado y al que nos referimos, este “Expedición de Veruela”. Se desconoce el periplo del cuaderno, quizá fueran vendidos en el mercado inglés, aprovechando la fama que su hermano Gustavo alcanzó en ese país.
Es más, facilitaría en las sucesivas ventas que, por error o por mistificación, este álbum acabara atribuyéndose a Gustavo. Como obra suya aparece en un catálogo del librero alemán Hiersermann (Leizpig). Allí lo adquirió la Universidad de Columbia, en Nueva Cork, donde fue localizado y descubierto por Ángel del Río. Él mismo acompaña su información con comentarios realmente interesantes y certificando la autoría de Valeriano:

Aparte de su excelencia técnica, delicadeza, y precisión del trazo –de color en las acuarelas-, acusan casi todos los dibujos un sentimiento poético afín al de Gustavo Adolfo, que desvirtúa, realzándolo, algo borrada además por el tiempo, produce en quien los ve, la sensación de hallarse ante un ejemplo claro de sensibilidad romántica; le comunica el mismo hondo encanto de la soledad, la misma fina percepción de la naturaleza, de lo popular, de lo simple y de lo antiguo que encontraríamos en numerosas páginas del poeta de las “Rimas”. Se piensa entonces en la hermosa unión fraterna de estos dos artistas que en sus andanzas por tierras de España nos revelaron, obedeciendo a un imperativo de época, la emoción de la auténtica vida española, idéntica en esencia a la que pocos años después fueron a buscar, en trance dramático, los mejores espíritus contemporáneos”.

Con este mismo artículo, Ángel del Río reproduce dos dibujos y una acuarela del cuaderno.
“Expedición de Veruela” no hay que verlo como una obra acabada sino como un cuaderno de campo y de trabajo (28 x 19). Salir al campo con unos lápices unas acuarelas y plasmar cualquier reflejo de la zona, ya era una labor vanguardista, tal y como hemos citado antes de Santos Torroella. (Obra desordenada, utiliza los bocetos para obras posteriores, otros los deja inacabados, inclusión de los dibujos en Vizcaya –puerto de Algorta-…)
En “Expedición de Veruela” se recogen muchas láminas con referencias a la villa de Vera de Moncayo y su término; y todas en labores o trabajos que ejercen los lugareños y vecinos en el día a día;

Lámina 9: (Sin fecha). Se ve una procesión por las calles del pueblo. Se contempla en primer plano el mayordomo (portando el pendón), el dulzainero, el tamborilero, el alcalde y una aldeana junto a varios chiquillos. En segundo plano (perfilado levemente) la comitiva que lleva a hombros la imagen del santo patrono (posiblemente la procesión tenga como objetivo el bendecir los campos y el santo sea San Isidro).

Lámina 13: (Bera, 10 Junio 1864). Se ve al herrero trabajando en la fragua en compañía de dos muchachos.

Lámina 34: (Vera, 30 Diciembre, 1863). Peirón con casa al fondo. Este dibujo es en color.
Lámina 37: (Fuente del Prado, 7, Julio 1864. Después de la comida). Representación de una decena de personas dormitando tras la comida campestre.

Lámina 42: (Vera, 5 Febrero 1864). Planos de un hombre y dos mujeres, vecinos de Vera.
Lámina 47: (Vera, 30, Diciembre 1863). Gustavo Adolfo reposado sobre un árbol en algún paraje cercano al pueblo.

Lámina 48: (Vera, 30 Diciembre 1863). Grupo de lavanderas.
Lámina 70: (Vera, 4 Febrero 1864). Calle con grupos de aldeanas conversando en las puertas de sus casas.

Lámina 71: (Bera, 5 Abril 1864): Grupo de bodegas excavadas en la tierra.
Lámina 72: (Vera, 5 Febrero 1864): Entrada de un huerto con una aldeana junto a su puerta.
Lámina 73: (Vera, 5 Febrero 1864): Casa y callejón contiguo en la parte alta del pueblo. (Esta casa existe y se puede reconocer variando la entrada, en la que desaparece el ladrillo y las ventanas se han ampliado.

Lámina 76: (Veruela, 15, Marzo 1864): Se ve en un lateral un torreón de la muralla de Veruela y al fondo el camino que baja por “El Soto” hacia Vera.

Las láminas 4,41,74,75 y 79 , son representaciones del barranco de Maderuela –paraje del término de Vera– y ni que decir tiene que la mayoría de las láminas son representaciones del monasterio de Veruela, tanto panorámicas y paisajes exteriores, como detalles y vistas interiores. Estas vistas del monasterio toman imágenes del claustro, puertas de acceso ala iglesia, la sala capitular, las arquerías del claustro superior, detalles artísticos como la tumba del fundador, columnas, capiteles, gárgolas, ménsulas, tracerías de bóvedas, detalles de frisos… como ven una buena representación de los detalles del monasterio.
No debe olvidarse que estas láminas no dejan de ser la obra de un pintor viajero que recoge en sus carpetas la realidad diaria y los detalles más insignificantes en apariencia, pero que con el paso del tiempo sí tiene una trascendencia de reflejo de lo cotidiano y la costumbre de antaño. Más adelante sí que haremos referencias a cuadros más trabajados, óleos que también se nutren de estas láminas de trabajo de campo.
Evidentemente también hay referencias y láminas a parajes cercanos de otros pueblos; Trasmoz, Añón, Alcalá… pero Vera y el monasterio se llevan la mayor parte.

En este cuaderno queda reflejado su amor a lo humilde, su sensibilidad hacia los mínimos detalles (pudiendo elegir grandes panorámicas del monasterio) y sobre todo refleja el entorno en el que conviven las personas como eje fundamental de sus trabajos. Algunos autores y estudiosos lamentan que ninguno de estos trabajos se desarrollasen en lienzos posteriores pues podían haber significado un precursor en un nuevo movimiento de vanguardia. Esa voluntariedad en expresar lo mínimo hubiese permitido enfocar su atención en ciertos paralelismos con la obra de Monet “Le Dejeneur sur l´erbe”, además de equipararse con otros artistas que sí lo expresaron en su obra (Haes o Martín Rico, que por la mismas fechas inician la andadura de la pintura realista).

***

Hay otra obra de Valeriano, “Spanish Sketches”[4], que consta de 68 dibujos y se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid, en la que mantiene parte de la argumentación que destila en “Expedición de Veruela”, pues sigue haciendo referencias a los parajes de Veruela y a sus gentes pero también dibuja estampas de Bilbao, Algorta o Madrid. El álbum está compuesto de dos partes (Spanish Sketches 1 y Spanish Sketches 2), en las que a pesar de esta partición no se puede establecer criterio alguno para tal estructura.
Este es un álbum distinto al anterior. “Expedición” era un álbum más unitario en el que la temática de los parajes del Moncayo (amén de la expedición a Algorta) está siempre presente; en “Spanish” parece que simplemente es una compilación de dibujos con la intención (posterior, claro) de tener acabado un álbum completo sin criterio ni unificación alguna. Hay láminas de distintos tamaños, y algunas láminas recortadas expuestas verticalmente, lo que nos podría inducir a pensar que hubiese un tercer álbum de Veruela. Pero las dificultades que parece que el que ha compuesto éste tuvo para completarlo nos hace descartar tal posibilidad. Seguramente se tratasen de láminas sueltas.
El final del “Expedición” coincide con algunos dibujos del “Spanish” en la fecha. Pudiera ser que simplemente al acabarse las hojas del primero, Valeriano iniciase algunas láminas en las hojas del segundo pues en este no hay unidad entre las láminas.
Se incluyen dibujos de la vida cotidiana (mirada lírica y realista) pero Valeriano incluye una mirada despectiva en algunos de ellos. Los primeros dibujos reflejan una caricaturización de personas (del monasterio, gentes importantes que invitan a los escritores venidos de la Corte a participar… la verdad es que la impresión que Valeriano saca de ellos es nefasta), deformación que Valeriano hace a propósito.
Interesantes son las láminas números 20 y 30. La lámina 30 representa a un paloteador con su característico atrezo, que podría dilucidar algo sobre la vestimenta que portaban los mismos en una época –la actual– en la que se trata de recuperar gran parte de los dances y paloteados de las comarcas aragonesas. La lámina 20, representa a dos hombres borrachos seguramente en cualquiera de estas bodegas. La evolución de esta escena dará lugar al grabado “Los dos compadres” publicado en El Museo Universal con fecha del 17 de Enero de 1869.
Hablando de publicaciones en prensa debemos comentar que en aquella época de penurias económicas los artistas y escritores se apoyaban en la prensa periódica como una buena manera de asegurarse un sueldo. El Museo Universal era la revista semanal más prestigiosa de la época y ofrecía a sus lectores una amplia gama de posibilidades culturales. Ya en su cabecera rezaba; <>, y a buena fe que así era pues en sus páginas mezclaba noticias e informaciones de lo más variopinto (poemas, cuentos, cuadros, grabados, crónicas de viajes, etc). El Museo Universal recogía en cierta manera el testigo que había dejado El Semanario Pintoresco Español –fundado por Mesonero Romanos– con su desaparición. En este particular cosmos cultural los Bécquer van a encontrar un amplificador de su obra costumbrista reflejando, en una colaboración conjunta, gran parte de su trabajo por los parajes aragoneses. Ahí reside la importancia de estos trabajos; en la colaboración mutua de ambos artistas.
La presentación del periódico sobre estas colaboraciones rezaba así;
“Deseando dar a nuestra publicación el carácter verdaderamente original y artístico que su índole requiere, ofrecemos hoy el primero de una interesante serie de dibujos de escenas, de costumbres, tipos y trajes de las diferentes provincias de España, debidos al lápiz de don Valeriano Bécquer. Hoy, que el movimiento natural de la época tiende a transformarlo todo procurando imprimir a los diferentes pueblos de España ese carácter de unidad que es el distintivo de las modernas sociedades; hoy, que vamos siguiendo este impulso, desaparecen unos tras otros todos los vestigios del pasado, cuya pintoresca originalidad amenaza convertirse en la más prosaica monotonía, a nadie puede ocultarse la importancia y el interés de este género de estudios. Pensionado el señor Bécquer por el gobierno de S.M. para recorrer con este objeto las diferentes provincias de España, creemos que los suscriptores de EL MUSEO verán con gusto los apuntes de su cartera de viaje.”
Los grabados de Valeriano sobre costumbres aragonesas reflejan escenas diarias y comunes; “El Hogar”, “La misa del alba”, “Las jugadoras”, “El tiro de barra”, “La salida de la escuela”, “La pastora”, “El pregonero”, “La vuelta del campo”, “Santa María de Veruela”, “El alcalde”, “Monasterio Santa María de Veruela”, “La corrida de toros en Aragón”, “Los dos compadres”, “La rondalla”, y “Vista interior del Monasterio de Veruela” completan esta particular colaboración de los hermanos Bécquer con el Museo Universal. Estas obras fueron publicadas entre junio de 1865 y julio de 1869. Los textos explicativos de los grabados corrían a cargo de Gustavo Adolfo; ahí es donde su pluma brilla con la maestría habitual y su escritura es la suma de la descripción de los propios grabados junto con sus experiencias vitales por lo que su conjunción con los dibujos es evidente, demostrando que son fruto de experiencias vividas en común más que una mera colaboración entre artistas.
Para muestra un botón rescatando la prosa que ofrece Gustavo Adolfo en una de las escenas que se refiere a “Las jugadoras” en escenas y costumbres de Aragón, demostrando la capacidad que ofrece la conjunción de ambas disciplinas:

En la tarde del domingo, /cuando el cura del lugar después de dormir la siesta sale a hacer un poco de ejercicio por las eras cercanas en compañía del alcalde, el médico y algunas otras personas graves de la población, /cuando los labradores acomodados hablan sentados tranquilamente en los soportales de la plaza y los mozos recorren las estrechas y tortuosas calles cantando la jota al compás de un guitarrillo destemplado,/ se juntan en grupos a la puerta de una bodega donde beben el vino en pucheros, forman círculo en el juego de pelota donde se lucen los más ágiles o asisten envueltos en sus mantas al tiro de la barra donde campean los más forzudos, cuando chicos y grandes, casados y mozos, viejos y muchachos discurren, en fin, de un lado a otro celebrando cada cual a su manera la festividad del día, /las mujeres se reúnen en las cocinas de las casas, en los cantones de las calles o en las avenidas de los caminos y, dejando a un lado el rosario que rezaban al sonar el toque de vísperas, desenvaina cada cual su más o menos mugrienta barajilla, se sientan en corro y da principio al juego.
En cada círculo se juega con arreglo a las circunstancias y los medios de las jugadoras. El ama del cura, la alcaldesa, la cirujana, y alguna labradora acomodada juegan el chocolate y los esponjados al amor de la lumbre donde brilla el alegre fuego del hogar y hierve la vasija con el agua preparada de antemano.
Las mujeres de los braceros y las hijas de los peones, engalanadas con sus apretadores verdes, sus sayas rojas y sus collares ce cuentas azules, juegan en mitad del arroyo los cuartos y ochavos que han podido ahorrar en la s, y gritan, riñen y se repelan al cuestionar sobre una jugada dudosa o el extravío de un maravedí.
Las chiquillas sentadas al borde del camino que conduce al lugar sacan también su barajilla pequeña (que las hay de todas clases y tamaños para todas las edades y fortunas) y juegan alfileres, huesos de frutas y cosas por el estilo.
El dibujo que ofrecemos a nuestros suscriptores, notable por la exactitud de los tipos y el carácter de localidad del fondo, puede dar una idea más aproximada de estas escenas que cuanto nosotros pudiéramos añadir sobre el asunto.”

Todos los dibujos y apuntes que realizó Valeriano son testimonios directos de la realidad de su entorno y de las costumbres de los pueblos de la comarca, en un intento por plasmar el mundo tradicional y su día a día. Los dos hermanos eran conscientes del proceso de cambio que se estaba llevando a cabo en la sociedad rural y que desembocaría irremediablemente en la desaparición de esta forma de vida, por lo que trataron de contribuir con sus trabajos a evitar que se perdiera en el olvido. Como dirá Gustavo Adolfo; “No se puede esperar a que se haya borrado la última huella para empezar a buscarla”, y así lo plasmará él en sus escritos. La explicación de la mayoría de los dibujos de su hermano tienen su reflejo y adquieren su sentido en las cartas;

Lo único que yo desearía es un poco de respetuosa atención para aquellas edades, un poco de justicia para los que lentamente vivieron preparando el camino por donde hemos llegado hasta aquí, y cuya obra colosal quedará acaso olvidada por nuestra ingratitud e incuria. La misma certeza que tengo de que nada de lo que desapareció ha de volver, y que en la lucha de las ideas las nuevas han herido de muerte a las antiguas, me hace mira a cuanto con ellas se relaciona con algo de esa piedad que siente hacia el vencido un vencedor generoso”.

Mientras Valeriano realiza bocetos de casas, aldeanos con trajes típicos y escenas de la vida cotidiana (en un intento por plasmar e inmortalizar aquellos tiempos), el poeta hará lo propio desde sus cartas con una prosa, a la vez de brillante, concienciada;
"No pueden ustedes figurarse el botín de ideas e impresiones que para enriquecer la imaginación he recogido en esta vuelta por un país virgen aún y refractario a las innovaciones civilizadoras.
Al volver al monasterio, después de haberme detenido aquí para recoger una tradición oscura de boca de una aldeana, allá para apuntar los fabulosos datos sobre el origen del lugar o la fundación de un castillo, trazar ligeramente con el lápiz el contorno de una casuca medio árabe, medio bizantina, un recuerdo de costumbres o un tipo perfecto de los habitantes, no he podido menos de recordar el antiguo y manoseado símil de las abejas que andan revoloteando de flor en flor y vuelven a su colmena cargadas de miel.
Los escritores y los artistas debían hacer con frecuencia algo de esto mismo. Sólo así podríamos recoger la última palabra de una época que se va, de la que sólo quedan hoy algunos rastros en los más apartados rincones de nuestras provincias y de la que apenas restará mañana un recuerdo confuso.”

La cuarta carta del poeta refleja una defensa, estudio y reflexión sobre la tradición, y en su intento de preservarla insta incluso al Gobierno para fomentar expediciones artísticas compuestas por un arquitecto, un literato y un pintor, cuyo objetivo sería el de recoger material interesante y suficiente para la consecución de grandes obras;
“Unos y otros se ayudarían en sus observaciones mutuamente, ganarían en esa fraternidad artística, en ese comercio de ideas tan continuamente relacionadas entre sí, y sus trabajos serían un verdadero arsenal de datos, ideas y descripciones útiles para todo género de estudios.
Además de la ventaja inmediata que reportaría esta especie de inventario artístico e histórico de todos los restos de nuestra pasada grandeza, ¿qué inmensos frutos no daría más tarde esa semilla de impresiones de enseñanza y de poesía, arrojada en el alma de la generación joven, donde iría germinando para desarrollarse tal vez en el porvenir?.”
Otras cartas hacen referencia a leyendas e historias fantásticas del contorno alcanzando la prosa del poeta niveles insuperables, pero alejadas de su conciencia costumbrista.
Después de la estancia entre el invierno de 1863 y el verano de 1864 tenemos constancia del regreso de los Bécquer al monasterio. A Valeriano se le concede una pensión oficial (diez mil reales al año) entre 1865 y 1868 para seguir con su labor de pintar cuadros costumbristas, y de este período se encuentran tres oleos sobre temas aragoneses; El Presente, El Chocolate y La vuelta del campo.

En una carta remitida desde Vera, el 23 de Marzo de 1866, solicita una prórroga para la entrega de sus lienzos y así un mes más tarde hace entrega de su primer cuadro; El Presente[5]. El tema es una fiesta popular celebrada en algún pueblo de la comarca del Moncayo, en la que la comitiva es obsequiada con pastas y vino a la puerta de la casa de un cofrade, amenizados por la música del tamboril y la dulzaina. No podemos asegurar el pueblo representado en este óleo, pero el vestuario del danzante situado en el centro del cuadro nos puede orientar ya que los trajes actuales de algunos pueblos (Bulbuente, Grisel, Maleján, El Buste o Talamantes) se asemejan a éste.

En julio de ese mismo año hace entrega del siguiente cuadro; El chocolate[6]. Este óleo puede tener su localización en Vera de Moncayo y derivaría de alguno de los diferentes bocetos recogidos por el pintor en la villa y que forma parte de sus obras anteriores. El tema es el interior de una casa del Moncayo aragonés con la familia reunida para tomar el chocolate, y la escena recoge en un primer plano los personajes jugando a las cartas y tomando chocolate, mientras un segundo plano, en penumbra, representa las vigas de madera que sostienen el edificio (en el álbum Expedición de Veruela, láminas 68 y 69, ya se recogían apuntes de interiores de arquitectura popular similares a los de éste óleo).

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Los Bécquer encontraron en Veruela un filón inagotable para su arte y también para su imaginación, mezclando romanticismo y misterio, ofreciéndonos una producción artística de innegable talento en la que no solo el monasterio sino también la villa de Vera y los pueblos aledaños fueron escenarios fundamentales en las obras y ensoñaciones de los dos hermanos. Pero si importante fue esta producción fantástica no lo fue menos su labor como testigos directos de la realidad de su entorno, plasmando en sus obras el mundo tradicional rural y las costumbres de sus habitantes en un intento por preservar esas imágenes en el tiempo. Desde estas líneas reivindicar la parte costumbrista de la obra de los hermanos Bécquer, más desconocida, pero igualmente gratificante y poseedora de un gran componente cultural.

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Sobre las grafías “B” y “V” (respecto a las firmas en las láminas de Valeriano).
La ortografía española mantuvo por tradición las letras b y v, que en latín respondían a una oposición con valor fonológico. Por esta razón, nuestra lengua respetó la grafía de las palabras con b o v según la tuvieran en su lengua de origen, como sucede en los casos de abundancia, bimestre, bondad, beber, que provienen de las latinas “abindantia(m)”, bimestre(m), bonitate(m), bibere(m).
No obstante como en castellano antiguo b y v, distribuidas de modo distinto al actual, posiblemente sí respondían también a una distinción fonológica propia, perviven casos de b antietimológica (es decir, donde el uso se ha impuesto a la etimología), como abogado, abuelo, barbecho, barrer, procedentes de palabras latinas con V; advocatu(m), aviolu(m), vervactu(m), o verrere.
*En “Sketches” se reproducen faltas de ortografía “hellos”, “habuela”, “trages”…
[1] Desamortización de Mendizábal (1836), en la cual se ponen en venta las propiedades eclesiásticas.
[2] Expedición de Veruela; Álbum de dibujos (28x19) de Valeriano Bécquer (Universidad de Columbia, Nueva York). Mantenemos la grafía original que usó Valeriano en su álbum; “Espedición” en lugar de “Expedición”.

[3] Santos Torroella, Valeriano Bécquer, Barcelona 1948, pag. 24.
[4] Spanish Sketches. Álbum de 68 dibujos de Valeriano Domínguez Bécquer. Biblioteca Nacional, Madrid.
[5] Fechado en 1866. (0,85 de alto por 0,64 de ancho). Museo de Arte Moderno.
[6] Fechado en 1866. (0,84 de alto por 0,64 de ancho). Museo de la Real academia de Bellas Artes de Sevilla).
* En caso de utilizar cualquier párrafo de esta conferencia (presentada en el correspondiente registro de la propiedad intelectual), citar al autor del texto (D. José Ángel Monteagudo) bajo responsabilidad, en caso de no hacerlo, de incurrir en un delito.